martes, 28 de julio de 2015

El alivio de perderse

Era de noche y algo o alguien me seguía. Yo trataba de escapar. Tus mensajes no dejaban de llegar. De repente me encontré en tu edificio pero no era el. Ese algo o alguien me iba pisando los talones, lo único que sabía era que tenía que huir. Tu puerta estaba abierta, el departamento era muy claro y espacioso pero tenía muchas sombras. La puerta de tu habitación estaba cerrada, por algún motivo sabía que no tenía que entrar pero lo hice. Había muchas camas, todas desordenadas. No estabas solo. Su cara era de enojo. La tuya de tristeza. Pedí perdón y salí. Pero empezó a llegar mucha gente y me arrastraron a la enorme mesa en el centro del departamento que al principio no estaba. Había llegado tu mamá y algunos vecinos míos. En el ambiente se sentía una felicidad medio forzada. Me sentaron en la punta y vos estabas a mi izquierda “justo llega la gente cuando uno quiere estar solo” te dije, me apretaste la rodilla. La cara de enojo rodeaba tu cuello con una ternura que yo no entendía. Y tu tristeza se dilataba cada vez más así como los desconocidos empezaban a aturdir. Me paré y salí, nadie pareció notarlo solo unas criaturas que jugaban en la puerta y me agarraban las manos para que me quedara. El ascensor tampoco era el mismo. Subí a la terraza, que tampoco era la misma. Era enorme y estaba muy oscura. Me quedé mirando al horizonte porque si miraba para otro lado no te iba a escuchar llegar. Desde ahí arriba se sentía a toda esa multitud perdida en tu departamento y tu imagen llena de tristeza no se me iba de la cabeza, nunca te había visto así. Sentí un ruido. Me di la vuelta. No eras vos, era un completo extraño. Una sensación de alivio me invadió.

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anónimo

No calaste hondo como otros. No conozco ni tu cara. Alguna vez habrás volado cerca de mi ventana?  Habrás amanecido conmigo y no me enteré? ...