"¿Habrá piedad para los que escuchamos a todos y no entendimos a nadie; para los que la soledad no nos dio un jaque de muerte ni el amor nos dio un golpe de vida?
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¿Habrá ternura para los desarraigados, para quienes el futuro es una palabra sin sentido, para los que descubrieron con espanto que el amor es lo mejor pero no alcanza?
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Tantos deseos de partir, de abandonar esta casa, de dejar esta suerte, de dejarse a uno mismo.
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¿Cómo responderemos ahora a todo aquello que no respondimos
¿Qué ilusión podrá resistir a nuestro cansancio?
¿Qué respuestas encontraremos en las paredes?
¿Qué plegaria rezar que no contenga mentiras?
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Y si lo que nos propusimos ser cuando soñar tenía sentido ya lo hemos olvidado
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¿Para qué ganar la verdad si para ganarla hay que perder la vida?
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Y como no habrá más eco que el de nuestra propia voz, pariremos lastimosamente un pequeño e infinito interrogante: ¿Por qué?
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La noche es un espejo de nitidez despiadada. Un espejo que nos enfrenta con lo que postergamos, con aquello que quisimos y no tuvimos el coraje de lograrlo.
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Más vale que conserven su credulidad, ya que de otro modo jamás serían felices.
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Nos hemos saturado de realidad olvidando que lo verdaderamente importante es la ilusión.
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Nos engañan porque sabemos creer.
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No importa lo acontecido sino las huellas que dejó su paso. Basta con observar las marcas para develar todas las historias.
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Es el paradójico desenlace de nuestra tragedia.: seguir con vida cuando se agotaron las esperas.
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¿Era tan inconmensurable nuestro miedo que tuvimos que inventar una falsa esperanza?
¿No hubiera sido mejor enfrentar la desolación a tiempo?
¿Tan desvalidos estábamos en los comienzos que tuvimos que aferrarnos a mentiras tan graves como el amor, la fe y la recompensa?
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Nos une un largo silencio cargado de palabras que pesan demasiado para decirlas así porque sí, sin garantías de que no estallen en los labios al pronunciarlas.
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¿Cómo proteger nuestra tímida ternura para qui no la hieran la indiferencia y el olvido?
¿Cómo sobrevivir al poder destructivo de los juicios abyectos y coléricos de nuestro prójimo?
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Si hoy nuestro corazón sólo contiene incertidumbre y miedo es debido a que nos negamos a aceptar una fe que nos obligara a cerrar los ojos y el precio por esa negativa fue nuestro fracaso.
Un fracaso total porque entonces no sabíamos que no se puede rechazar una parte sin renunciar a todo el juego.
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Hay noches tristísimas que sobrepasan lo tremendo de nuestras soledades.
Hay noches homicidas
Hay noches en las que el corazón, si pudiera se mataría por su cuenta.
Hay noches de consejeros nefastos.
Hay noches en las que los cuchillos nos llaman como celosos imanes y los revólveres con sus gatillos y los frascos pequeños con sus dosis poderosas.
¿Qué nos detiene?
¿Qué excusa soborna al carcelero de nuestros gemidos?
¿Qué ilusión engaña a nuestra negra realidad?
¿Qué vana promesa nos consuela?
Sufriendo y desesperando tantas noches
¿Qué alma humana no se hunde?
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Y el secreto de la vida aún nos coquetea oculto en su inmaculado misterio.
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¿De dónde nos viene esta fuerza que nos impulsa a erguir la cabeza desde las mismas cenizas?
¿De dónde esta obsesión confusa que no nos excita ni nos asfixia?
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¿Qué milagro nos librará de este dolor de ser distintos a los otros sabiendo que no somos más sinceros ni más buenos que solamente somos distintos?
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Yo soy de otra época. De una época que nunca existió.
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Y asumir o rechazar con la fuerza de una fe nuestra abyecta condición; nuestro intransferible destino.
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Si al andar por la calle, la gente no pudiese contener una exclamación de asombro, fascinada ante nuestra belleza. Ese hecho ¿modificaría nuestra pena?
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Sí nuestra infancia hubiese transcurrido de un modo más feliz. Ese hecho ¿modificaría nuestra pena?
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Si tuviésemos tanto dinero como para viajar por todo el mundo, darnos la gran vida y aún más. Ese hecho ¿modificaría nuestra pena?
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Si sucedieran esas variantes no seríamos nosotros mismos, pasaríamos a ser otras personas. ¿Lo aceptaríamos?
- ¡Qué nos importa perder nuestra identidad, dejar de ser nosotros, a cambio de un destino más dichoso! ¿Seríamos tan asquerosamente frívolos y mundanos?
- ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!
¿Seguros?
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Llegará el día en que estés bien."