sábado, 25 de abril de 2015

Dejame que piense

“La cabeza de uno funciona como una especie de periscopio. No puede abarcar demasiados pensamientos, demasiados sentimientos conscientemente. Hay como una mirilla por donde observas, y donde te situas a tu pregunta.
 Si yo empiezo a necesitar de las personas, me junto con las personas, no pasa mucho más que eso.
 Ahora, cuando las personas no coinciden con uno lo que hay que hacer, creo yo, es correr la mirilla de ese lugar. Pero no se puede mientras estás necesitando esa necesidad de la otra persona, incluso.  Entonces, lo que hago a veces es, una doble vida, una doble línea. Busco experiencias parecidas. No me juntaré  con mis mejores amigos pero salgo con uno que otro tipo, me voy  a alguna reunión de algo, como para, si bien no sacias el hambre, masticas un chicle. No para creerte que esa falsedad te va a estar salvando, sino para que no sea tan ardua la ausencia, no sea tan dura.
 Cuando eso termine, si, vuelve a aparecer la necesidad muy fuerte, pero hay tránsito en eso. Mientras ocurre ese tránsito voy buscando la forma de anclar algo propio, que es escaparse del territorio, escaparse de la mirilla. Empiezo a leer algo nuevo, busco alguna película, busco, busco algo que tenga una cuerda hacia mí mismo, algo. Manoteo, manoteo entre diferentes cosas, hasta que algo engancho, y de repente, de nuevo estoy conmigo.
 Hasta que en algún momento, los amigos que uno está necesitando coinciden.
Eso es lo que a mí me funciona cuando quiero estar bien.
 Ahora, ¿Cómo hace uno para querer estar bien? Para eso no tengo realmente una respuesta.”


                                                                                                    -Gustavo

¿Qué se siente ser dios?

¿Qué se siente ser dios? Le pregunté. A lo que me respondió agarrando el vaso con la mano derecha, tomando un sorbo, mirando el fuego. El fuego que él mismo había iniciado.
 Mi corazón no se olvidó de soltar ningún latido. Podía ver a las mentiras ajenas golpeando la puerta. Y sentía sus ganas de abrirla. Lo hizo.
Con la cabeza en alto, pasaron sin decir una palabra.
Él las observaba desde lo alto, sin parpadear, fingía respirar.
Yo había dejado todas las lágrimas en un insomnio no tan lejano. A veces sentía sus tormentas en la vereda.
Mientras que él, en su palacio, disfrutaba del sol.
¿Qué se siente ser dios? Le pregunté en verano. Cerró los ojos y sus pestañas me soplaron una brisa de invierno.
Con sólo mirar sus ojos podía ver el cielo. Con sólo tocar su piel podía sentir el calor del infierno.
Yo era una simple mortal, capaz de cruzar el océano con tal de verlo bailar.
Yo era una simple mortal, haciéndole preguntas a dios. Algo tan simple como eso, no me convertía en más que una simple mortal.
¿Qué se siente ser dios? Le pregunté.
Me besó y desapareció. Se desvaneció.

A  veces lo sueño, desde mi palacio, como un simple mortal.

miércoles, 15 de abril de 2015

Arder

Sacarte en cada suspiro.
Distraerme para seguir pensando.
Queriendo escapar de la realidad, sumergiéndome aún más en ella.
Viendo fantasmas en cada rincón.
Sintiendo en las pestañas tu traición.
Queriendo sólo olvidar.
Cantar y reír cada recuerdo.
Fumarme cada insomnio, hundirlo en lágrimas y así también recordar al anterior.

Todo en mi vacío,
en el vacío que me acompaña por haber entregado todo.
Sin reproches, porque amarte fue tocar el cielo con las manos.
Y tu traición fue el infierno en cada estrella.

"¿Para qué ganar la verdad si para ganarla hay que perder la vida?"

"Iba a decirte: no me abandones. Pero te dije adiós."

martes, 14 de abril de 2015

Obsesión De Vivir - José Sbarra

"¿Habrá piedad para los que escuchamos a todos y no entendimos a nadie; para los que la soledad no nos dio un jaque de muerte ni el amor nos dio un golpe de vida?

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¿Habrá ternura para los desarraigados, para quienes el futuro es una palabra sin sentido, para los que descubrieron con espanto que el amor es lo mejor pero no alcanza?

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Tantos deseos de partir, de abandonar esta casa, de dejar esta suerte, de dejarse a uno mismo.

 ....

¿Cómo responderemos ahora a todo aquello que no respondimos
¿Qué ilusión podrá resistir a nuestro cansancio?
¿Qué respuestas encontraremos en las paredes?
¿Qué plegaria rezar que no contenga mentiras?

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Y si lo que nos propusimos ser cuando soñar tenía sentido ya lo hemos olvidado

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¿Para qué ganar la verdad si para ganarla hay que perder la vida? 

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Y como no habrá más eco que el de nuestra propia voz, pariremos lastimosamente un pequeño e infinito interrogante: ¿Por qué?

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La noche es un espejo de nitidez despiadada. Un espejo que nos enfrenta con lo que postergamos, con aquello que quisimos y no tuvimos el coraje de lograrlo.

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Más vale que conserven su credulidad, ya que de otro modo jamás serían felices.

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Nos hemos saturado de realidad olvidando que lo verdaderamente importante es la ilusión.

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Nos engañan porque sabemos creer.

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No importa lo acontecido sino las huellas que dejó su paso. Basta con observar las marcas para develar todas las historias.

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Es el paradójico desenlace de nuestra tragedia.: seguir con vida cuando se agotaron las esperas.

...

¿Era tan inconmensurable nuestro miedo que tuvimos que  inventar una falsa esperanza? 
¿No hubiera sido mejor enfrentar la desolación a tiempo? 
¿Tan desvalidos estábamos en los comienzos que tuvimos que aferrarnos a mentiras tan graves como el amor, la fe y la recompensa? 

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Nos une un largo silencio cargado de palabras que pesan demasiado para decirlas así porque sí, sin garantías de que no estallen en los labios al pronunciarlas.  

...

¿Cómo proteger nuestra tímida ternura para qui no la hieran la indiferencia y el olvido? 
¿Cómo sobrevivir al poder destructivo de los juicios abyectos y coléricos de nuestro prójimo? 

...

Si hoy nuestro corazón sólo contiene incertidumbre y miedo es debido a que nos negamos a aceptar una fe que nos obligara a cerrar los ojos y el precio por esa negativa fue nuestro fracaso. 
Un fracaso total porque entonces no sabíamos que no se puede rechazar una parte sin renunciar a todo el juego.

...

Hay noches tristísimas que sobrepasan lo tremendo de nuestras soledades. 
Hay noches homicidas 
Hay noches en las que el corazón, si pudiera se mataría por su cuenta. 
Hay noches de consejeros nefastos. 
Hay noches en las que los cuchillos nos llaman como celosos imanes y los revólveres con sus gatillos y los frascos pequeños con sus dosis poderosas. 
¿Qué nos detiene? 
¿Qué excusa soborna al carcelero de nuestros gemidos? 
¿Qué ilusión engaña a nuestra negra realidad?
¿Qué vana promesa nos consuela? 
Sufriendo y desesperando tantas noches 
¿Qué alma humana no se hunde?
 
 ...

 Y el secreto de la vida aún nos coquetea oculto en su inmaculado misterio. 

...

¿De dónde nos viene esta fuerza que nos impulsa a erguir la cabeza desde las mismas cenizas?  
¿De dónde esta obsesión confusa que no nos excita ni nos asfixia? 

...

¿Qué milagro nos librará de este dolor de ser distintos a los otros sabiendo que no somos más sinceros ni más buenos que solamente somos distintos? 

...

Yo soy de otra época. De una época que nunca existió.

...

Y asumir o rechazar con la fuerza de una fe nuestra abyecta condición; nuestro intransferible destino. 

...

Si al andar por la calle, la gente no pudiese contener una exclamación de asombro, fascinada ante nuestra belleza. Ese hecho ¿modificaría nuestra pena? 
- . . . 
Sí nuestra infancia hubiese transcurrido de un modo más feliz. Ese hecho ¿modificaría nuestra pena? 
- . . . 
Si tuviésemos tanto dinero como para viajar por todo el mundo, darnos la gran vida y aún más. Ese hecho ¿modificaría nuestra pena? 
- . . . 
Si sucedieran esas variantes no seríamos nosotros mismos, pasaríamos a ser otras personas. ¿Lo aceptaríamos? 
- ¡Qué nos importa perder nuestra identidad, dejar de ser nosotros, a cambio de un destino más dichoso! ¿Seríamos tan asquerosamente frívolos y mundanos? 
- ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!  
¿Seguros? 
-  . . . 
 
...

Llegará el día en que estés bien."

domingo, 5 de abril de 2015

Caer es hermoso

 Empezar como cuando nos dormimos, o cuando nos enamoramos: lentamente, y después de golpe.
Marcando el ritmo de una canción muy profunda, pero sin sentido.
Precipitándome con una sombra, con una brisa... como un susto.
Tratando de adivinar las ideas que dan vueltas en tu gorra y se enganchan con tu pelo.

 Empezar lentamente, como cuando nos dormimos o nos enamoramos.
Con ilusión.
Respirando la cama.
Imaginando los sueños que nos gustarían soñar y los lugares que podríamos visitar.
Y de repente ocurre.
Caemos.
Caemos en el sueño profundo.
Caemos sin siquiera poder estirar la mano.

 Y todo el amor se concentra en una lágrima de resignación que cae sobre la almohada.
De simple resignación hacia el amor.

"No puedes elegir si van a hacerte daño en este mundo, pero sí eliges quién te lo hace."


anónimo

No calaste hondo como otros. No conozco ni tu cara. Alguna vez habrás volado cerca de mi ventana?  Habrás amanecido conmigo y no me enteré? ...