Me pregunto
quién me habrá arrebatado la niñez y de quién serán tus ojos borrachos esta
noche cuando la soledad acecha en la peatonal y la oscuridad busca aún más
profundidad, cuando las estrellas se resignan a brillar y la luna se reúsa a
descansar.
Yo voy mirando el suelo en busca de alguna suerte para pisar, y recuerdo
que por acá los tréboles ya no nacen y la suerte sale de las casualidades que
dejaron de existir cuando descubrí que esta presión en el pecho no era más que
la inmensidad de haberte conocido, tan guerrero, inmortal…