viernes, 22 de mayo de 2015

Nono

Con la bolsa de pan en la mano izquierda y ese cigarro eterno en la derecha te veo caminar como si no hubiese final.
Me contaron que te vieron nadar por el verde de acá no más, con tu pelo largo color algodón, con esa raya al costado, tan elegantemente impresentable diría cualquiera; pero porque nadie ve que, aunque no laves la campera, a la camisa siempre la llevas como nueva.
Con todos tus kilómetros caminados, tantas calles cruzadas, y tantas personas que fingís no mirar.
Tantos fantasmas que te acompañan a cocinar cuando llega la hora de la comida, y tantos otros que se deben sentar a la mesa con vos cada noche. ¿Será  por ellos el color de tu pelo? ¿Será por ellos que siempre vas tan bien vestido? ¿O será por ese amor que te prometió volver?
Y vos lo único que haces es confiar. Lo único que haces es caminar. Tratando de crear la casualidad de tu vida, cuando tu cabeza sabe que ella ya no está pero tu corazón, paradójicamente, parece un soldado empedernido…

lunes, 18 de mayo de 2015

La carta que nunca envié - Parte III

Debo confesar también que escribir esta carta me llevó muchos recuerdos, lágrimas, canciones y sonrisas. Que sacarlo me ayudó a entender.
Que entiendo cómo te sentiste, cómo te hice sentir. Entendí por fin que nosotros ya estábamos rotos antes de conocernos, mucho antes de amarnos, mucho antes de dolernos; pero a pesar de todo te doy la libertad de culparme de todas las grietas que hoy llevas. Porque entiendo que ahora tengas miedo… Pero el tiempo no va para atrás, va para adelante y las personas cambian.
Entiendo que no me quieras como yo a vos. Lo acepto, me resigno en realidad, porque quizás no estábamos listos, ni vos para mí, ni yo para vos; a pesar de esa compatibilidad que asustaba.
“Los espíritus singulares no soportan tanto amor, tanta perfección encontrada por casualidad” y tu espíritu fue el más singular que conocí.

Por fin entendí que debía dejar de preguntarme todo sobre todo, que la mejor respuesta era poner sólo lo mejor de mí, para todo. Que mi cabeza puede ser mi peor enemiga, como lo fue cuando estaba con vos, pero también mi salvadora, como lo es ahora; eso sólo depende de mí. 
Entendí que sólo somos dos seres humanos que no supieron lidiar con el amor, pero que es muy probable que la próxima vez, cuando estemos muy lejos el uno del otro, podamos enamorarnos bien. Y no de nosotros, porque ya no somos, sino de otros completos extraños.
Entendí que quien le había dado sentido a mi historia ya no sabía qué escribir, y que era (es) momento de dar vuelta la página.
Entonces lloré mis últimas lagrimas por vos, y por mí, y porque el último cigarrillo en tu honor se había apagado.

La carta que nunca envié - Parte II

Gracias por haberte ido, ahora sólo espero que no vuelvas. Porque sé que si lo haces yo voy a estar, como lo prometí. Y porque voy a estar dispuesta a entregarte todo como nunca antes, aunque no quiera. Aunque me haya quedado sin nada sólo con amarte… Con amarte mal.
Y ahora que no tengo nada puedo entenderte. Entiendo el vacío que te quedó por amarme bien, demasiado bien. Aunque mi vacío sea por hacerlo mal. Son vacíos por amar. Y por eso te entiendo. Entiendo que no quieras volver, espero que no lo hagas, aunque en el fondo me gustaría que sí, a pesar de que yo tampoco quiero volver. Porque ya lo intenté y sólo sentí la amargura de un amor que ya no es, y la sentí porque fue amor y fue una casualidad, fue la casualidad más hermosa haberte conocido.

Esa casualidad ahora está rota. Se rompió cuando desconfiaba y no quería mirar. Cuando dejaba que los límites se hicieran pequeños, tanto que no los veía. Cuando nos mentía diciendo que todo estaba bien.
Y al romperse nuestra casualidad se quebró también nuestro amor, y nosotros con él.
Dejamos de ser nosotros, y por eso también fue. Porque dejamos de ser los mismos, y no podíamos amarnos si no nos conocíamos, no podemos amarnos si no nos conocemos. Y las ganas de intentarlo también se fueron, desaparecieron. Porque ahora desconocemos lo que es querer intentarlo porque lo quisimos demasiado cuando no debía ser.

Debo confesar también que no quise hacerlo. Pero tengo mis motivos: tenía miedo, terror, dudas, inseguridades. No sabía cómo hacerlo, y me sentía cómoda con la rutina esa de querer estar mal.
Debo confesar que sabía que este momento iba a llegar, que no por nada quería pasar cada minuto a tu lado, y que las reconciliaciones eran lo mejor y hacían que mi amor por vos compita con el sol. Que quería ver todas las películas y series que decías, de verdad quería, pero prefería mirarte a vos.

La carta que nunca envié - Parte I

No puedo decir que te echo de menos porque en realidad te echo de más. Te echo de más, porque ya no hay lugar para nada, ocupas cada rincón, cada grieta, cada rayo de luz y cada sombra… Tanto que asusta.
Así como asustó en su momento tanta compatibilidad, tanta dilatación en un espacio tan reducido que parecía el mundo.
Una casualidad tan hermosa pero tan cruel que resultó haberte conocido. Si lo hubiese sabido no te pedía fuego, me quedaba con las ganas de fumar, o prendía el cigarro con mi encendedor.
Pero fue amor. Quedarnos hablando hasta la madrugada, fue amor. Reír hasta llorar, sólo con vos, fue amor. Contarnos nuestros secretos más profundos, fue amor. Llorar, bailar, compartir mentiras y sueños, fue amor. Odiarnos hasta el límite, fue amor. Porque cuando nos odiábamos lo hacíamos con amor. Y si… Fue, porque ya no es y no va a volver a ser.

Con vos se despertaron mis demonios, y sólo con vos actúan. No podría hacerte eso de nuevo, nunca más. No me lo perdonaría, de nuevo. Aunque miento si digo que ya me lo perdoné.
Y creo que por eso también fue amor. Porque apareciste sólo para despertar lo más oscuro en mí y desaparecer, aunque lo lógico era que desaparecieras después de verme así. No puedo reprocharte nada, solo me queda agradecerte.
Por regalarme lo mejor de vos sin pedir nada a cambio, y por darme todo lo que yo te pedía. Por las noches en vela que me dedicabas sin que yo lo supiera. Por cada caricia y cada abrazo. Por prestarme tus labios de nubes cuando yo quería. Por aceptar y querer el infierno que guardaba dentro mío; por mejorarlo, hacerlo tuyo y devolvérmelo.


miércoles, 13 de mayo de 2015

El pucho se terminó

No te preocupes que si estoy llorando no es por vos, es por mí y por este dolor que tanto duele por ser tan bueno y tan grande y tan hermoso.
Tan bueno y tan grande y tan hermoso que es amarte.
Tan bueno y tan grande y tan hermoso que es amarte. Tanto que duele y prefiero no sentir nada a sentirme así, pero sólo si es con el corazón con el que te amo.
Tan bueno y tan grande y tan hermoso que es amarte. Tanto que nos perdimos en el camino al corazón por él mismo y porque la razón no tuvo voz.
Tan bueno y tan grande y tan hermoso que es amarte. Tanto que los demonios no pudieron quedarse afuera y tuvieron que meter la cola para hacer a este amor aún más grande y doloroso.
Tan bueno y tan grande y tan hermoso que es amarte que al escucharte dudar de tu amor, dudé del mío yo también.
No te preocupes que si estoy llorando no es por vos, es por este amor que no sé si es amor. Pero presiona fuerte en el pecho y duele, duele en las alturas, arriba de una nube; pero duele.
No te preocupes que si estoy llorando no es por vos, es por el viento que sopla y me trae tu perfume, y con él el recuerdo de aquello tan bueno y tan grande y tan hermoso que fue alguna vez.
No te preocupes que si estoy llorando no es por vos, es por vos; y por mí. Porque ya no somos nosotros.
No te preocupes que si estoy llorando no es por vos, es porque ahora somos Javier y Jimena. Cada uno con su jota y su recuerdo de eso tan bueno y tan grande y tan hermoso que vos no sabes si fue amor, y que yo tampoco sé pero que creo sentir y que sufro en madrugadas como ésta.
No te preocupes que si estoy llorando no es por vos, es porque mi jota se quedó sin la suya... Y la suya que se perdió en el camino.
No te preocupes que si estoy llorando no es por vos, es porque sé que estás ahí. Es porque todavía estoy acá, y no me voy a ir a ningún lugar.
No te preocupes que si estoy llorando no es por vos, es porque el pucho se terminó.

martes, 12 de mayo de 2015

Poemas - José Ángel Buesa

Quizás

Quizás te diga un día que dejé de quererte,
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esa despedida,
que, aunque el amor nos une, nos separa la vida.

Quizás te diga un día que se me fue el amor,
y cerraré los ojos para amarte mejor,
porque el amor nos ciega, pero, vivos o muertos,
nuestros ojos cerrados ven más que estando abiertos.

Quizás te diga un día que dejé de quererte,
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esa despedida,
que nos quedamos juntos para toda la vida.


Poema de la despedida

Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.
Quizás no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste… No sé si te quería…
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho… No sé si te amé poco;
pero sí sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós, y acaso, con esta despedida,
mi más hermoso sueño muere dentro de mí…
Pero te digo adiós, para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.


Poema de las cosas

Quizás estando sola de noche, en tu aposento
oirás que alguien te llama sin que tu sepas quién
y aprenderás entonces, que hay cosas como el viento
que existen ciertamente, pero que no se ven…

Y también es posible que una tarde de hastío
como florece un surco, te renazca un afán
y aprenderás entonces que hay cosas como el río
que se están yendo siempre, pero que nunca se van…

O al cruzar una calle, tu corazón risueño
recordará una pena que no tuviste ayer
y aprenderás entonces que hay cosas como el sueño,
cosas que nunca han sido, pero que pueden ser…

Por más que tú prefieras ignorar estas cosas
sabrás por qué suspiras oyendo una canción
y aprenderás entonces que hay cosas como rosas,
cosas que son hermosas, sin saber que lo son…


Y una tarde cualquiera, sentirás que te has ido
y un soplo de ceniza regará tu jardín
y aprenderás entonces, que el tiempo y el olvido
son las únicas cosas que nunca tienen fin.

sábado, 9 de mayo de 2015

Lo siento

Siento que perdí el derecho de decirte Amor, que ya no puedo entregarte el corazón, porque se escapó cuando yo rompí el tuyo por no saber ser, o por ser demasiado.
Siento que ya no sos vos, y que yo me perdí.
Me engaño diciéndote que te quiero, y que sólo es eso; cuando es la vida y mucho más.

En cada cigarro te encuentro, y te veo flotando en el humo que soplo y se desvanece, como así también lo hago yo en tu ausencia.

Siento que todavía lo sentís, pero no entiendo por qué no luchas. Si estás de pie podes volar.
Siento que en ese corazón que yo rompí todavía hay una chispa, y daría lo que fuera por encenderla.


Aunque al final de la noche termino aceptando que perdí el tren, y que mi vida se fue con él. Me miento al pensar que otro puede pasar, o que el primero puede volver, cuando se ama por completo sólo una vez.

viernes, 8 de mayo de 2015

Es el vértigo

El vértigo no es el miedo a la caída.

El vértigo es el deseo de caer.

Es el vértigo lo que me hace dudar, dudar de mis ganas de caminar y pensar en querer volar, en intentarlo; aún con la caída garantizada.
Es el vértigo ese frío que recorre mi cuerpo cuando te cruzo en la calle (cuando las casualidades están de mi lado)
Es el vértigo lo que retumba en mi corazón cuando me acuerdo de recordar.
Es el vértigo lo que arde en mis ojos cada mañana que despierto en mi cama, y no en la tuya.
Es el vértigo lo que baila en mis dedos cuando quiero llamarte pero no debo.
Es el vértigo lo que abraza mis piernas cuando paso por tu casa.
Es el vértigo mi peor enemigo cuando te miro y finjo no querer tocarte.
Es el vértigo mi peor enemigo cuando la nostalgia aparece.
Es el vértigo mi peor enemigo cuando caminar parece la forma más segura.

Es por miedo que tenes los moretones, que para vos son el mejor recuerdo (aunque con el tiempo vayan a dejar de ser)
Es por miedo que ahora le huyo al vértigo.
Fue por miedo que no quise volar cuando tenía alas.
Y ahora no quiero tener más miedo.
Ahora sólo quiero caminar, con un buen recuerdo de mis alas; de esas alas que nunca me animé a usar.

Porque el vértigo no es el miedo a la caída.

El vértigo es el deseo de caer.

martes, 5 de mayo de 2015

Algunas veces

Algunas noches entiendo, otras no tanto.
Algunas noches lo acepto, o me resigno. Todavía no sé.
Algunas noches me duermo, y te encuentro en mis sueños; ahí es cuando prefiero la realidad, para poder manejarla hasta donde mi cabeza lo permita.
Algunas noches cuando me acuerdo sonrío, otras, la nostalgia es más fuerte.
Algunos amaneceres se sienten morir, pero la tarde, a veces, me da la mano.
Algunas noches invaden mis días. Algunos días parecen no tener  fin.
A veces maldigo al reloj. Pero no reniego del tiempo, mi fiel amigo y compañero que a veces se disfraza de maldad pero que siempre me mira con ternura al final de cada capítulo, de cada día y cada sueño.

Algunas noches te extraño, pero ya no son negras...  Ahora sólo son oscuras, como solían serlo.
A veces, cuando te extraño, me imagino tu sonrisa de los sábados, la de esa foto en la que no quisiste salir, esa sonrisa que alguna vez me quisiste regalar; y me doy cuenta que esa sonrisa ahora es de los sábados, de la fotógrafa y, a veces, de los recuerdos que guardas en cada moretón, que con el paso de los días se van borrando sin que le importe a nadie más.

Algunas noches te extraño, pero ya no son negras...  Ahora sólo son oscuras, como solían serlo.


“… Esa vieja tristeza satisfecha de volver a ser el de siempre…”

anónimo

No calaste hondo como otros. No conozco ni tu cara. Alguna vez habrás volado cerca de mi ventana?  Habrás amanecido conmigo y no me enteré? ...