El vértigo no es el miedo a la caída.
El vértigo es el deseo de caer.
Es el vértigo lo que me hace dudar, dudar de mis ganas de
caminar y pensar en querer volar, en intentarlo; aún con la caída garantizada.
Es el vértigo ese frío que recorre mi cuerpo cuando te cruzo en la calle (cuando las casualidades están de mi lado)
Es el vértigo lo que retumba en mi corazón cuando me acuerdo de recordar.
Es el vértigo lo que arde en mis ojos cada mañana que despierto en mi cama, y no en la tuya.
Es el vértigo lo que baila en mis dedos cuando quiero llamarte pero no debo.
Es el vértigo lo que abraza mis piernas cuando paso por tu casa.
Es el vértigo mi peor enemigo cuando te miro y finjo no querer tocarte.
Es el vértigo mi peor enemigo cuando la nostalgia aparece.
Es el vértigo mi peor enemigo cuando caminar parece la forma más segura.
Es el vértigo ese frío que recorre mi cuerpo cuando te cruzo en la calle (cuando las casualidades están de mi lado)
Es el vértigo lo que retumba en mi corazón cuando me acuerdo de recordar.
Es el vértigo lo que arde en mis ojos cada mañana que despierto en mi cama, y no en la tuya.
Es el vértigo lo que baila en mis dedos cuando quiero llamarte pero no debo.
Es el vértigo lo que abraza mis piernas cuando paso por tu casa.
Es el vértigo mi peor enemigo cuando te miro y finjo no querer tocarte.
Es el vértigo mi peor enemigo cuando la nostalgia aparece.
Es el vértigo mi peor enemigo cuando caminar parece la forma más segura.
Es por miedo que tenes los moretones, que para vos son el mejor recuerdo (aunque con el tiempo vayan a dejar de ser)
Es por miedo que ahora le huyo al vértigo.
Fue por miedo que no quise volar cuando tenía alas.
Y ahora no quiero tener más miedo.
Ahora sólo quiero caminar, con un buen recuerdo de mis alas; de esas alas que nunca me animé a usar.
Porque el vértigo no es el miedo a la caída.
El vértigo es el deseo de caer.
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