Era de
noche, estaba oscuro. Y eran veredas muy largas y oscuras. Había un farol que iluminaba
lo necesario para no caer, aunque podía tropezar de nuevo.
Veía muchas sombras, eran tiempos extraños que no recuerdo bien. Era de noche y yo seguía caminando. Un poco con miedo, un poco intrigada. Me preguntaba qué había al final de esas veredas tan largas y oscuras. Miraba al farol esperando una respuesta pero qué iba a saber él.
Me llevó un parpadeo de distracción para que desapareciera mi farol, pero las veredas seguían iluminadas. De repente vi una sombra que se acercaba. No pude distinguirla bien, ni en el sueño ni cuando me desperté. Aunque al vislumbrarla supe que era mi farol.
Se llamaba Gustavo. Y era esa luz que iluminaba las veredas tan largas y oscuras. Habíamos hecho un trato en otro lado sin saberlo, en otra vida o en otro sueño quizás. Yo caminaba ésas veredas, él las iluminaba. Y de vez en cuando podíamos compartir una que otra cerveza perfecta.
Veía muchas sombras, eran tiempos extraños que no recuerdo bien. Era de noche y yo seguía caminando. Un poco con miedo, un poco intrigada. Me preguntaba qué había al final de esas veredas tan largas y oscuras. Miraba al farol esperando una respuesta pero qué iba a saber él.
Me llevó un parpadeo de distracción para que desapareciera mi farol, pero las veredas seguían iluminadas. De repente vi una sombra que se acercaba. No pude distinguirla bien, ni en el sueño ni cuando me desperté. Aunque al vislumbrarla supe que era mi farol.
Se llamaba Gustavo. Y era esa luz que iluminaba las veredas tan largas y oscuras. Habíamos hecho un trato en otro lado sin saberlo, en otra vida o en otro sueño quizás. Yo caminaba ésas veredas, él las iluminaba. Y de vez en cuando podíamos compartir una que otra cerveza perfecta.
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