-Buen
día.
-No son tan buenos, ¿no te acordás lo que soñamos?
-Si, obvio que me acuerdo, somos piscianas. ¿Pero te vas a tirar abajo por eso?
- Es más fuerte que yo.
-Fue sólo un sueño, y él es sólo una persona. Como nosotras.
-Él es más que eso, no lo entenderías. Yo tampoco lo entiendo.
-Y si no lo entendés, ¿por qué te hacés tanto problema?
-Lo decís como si no me conocieras. Se escapa a la razón, desborda al corazón. No lo puedo controlar y eso me hace rozar la locura. Ésa no soy yo, no puedo serlo.
-Y no lo seas, alejate. Aunque tenés que admitir que lo enfermo está en tu esencia.
-No podría alejarme, sería como abandonar una parte de mí, de esa esencia que vos decís.
-Pero así no sos feliz, lo único que logras es enfermarte aún más.
-No sé, por momentos sí. Me hace sentir infinita, como si él fuese la respuesta que tanto tiempo busqué y eso se convierte en un martirio.
-¿Y eso no es lo que te gusta a vos? Sufrir sin razón aparente, o por motivos insignificantes...
-¿Eso te parece insignificante?
-A mí sí, pero es notorio que a vos no. Lo que no entendés es que él es sólo una persona, como vos y yo. No es más que nosotras.
-Pero es como yo y eso, ¿no te parece suficiente?
-Yo soy como vos y no te basta con eso. ¿La respuesta a qué decís que es él?
-La respuesta a la pregunta que se hacen todos, qué es el amor.
-¿Y qué es el amor?
-Él. Sus ganas de vivir, su manera de hacerme sentir infinita siempre, su compañía, su barrio, su casa, sus ojos, su música, su cuerpo, su mentira y su realidad. Todo en él es amor, como nunca antes vi. Y es tan sano que no puedo evitar las ganas de querer contagiarlo, a pesar de saber que si lo contagio lo mato.
-Estás como entre la espada y la pared. Entre vos misma y el amor. ¿Qué vas a hacer?
-Me voy a sacrificar, quizás su amor pueda curarme.
-¿Y si no te cura?
-No es el amor para mí.
-Si, obvio que me acuerdo, somos piscianas. ¿Pero te vas a tirar abajo por eso?
- Es más fuerte que yo.
-Fue sólo un sueño, y él es sólo una persona. Como nosotras.
-Él es más que eso, no lo entenderías. Yo tampoco lo entiendo.
-Y si no lo entendés, ¿por qué te hacés tanto problema?
-Lo decís como si no me conocieras. Se escapa a la razón, desborda al corazón. No lo puedo controlar y eso me hace rozar la locura. Ésa no soy yo, no puedo serlo.
-Y no lo seas, alejate. Aunque tenés que admitir que lo enfermo está en tu esencia.
-No podría alejarme, sería como abandonar una parte de mí, de esa esencia que vos decís.
-Pero así no sos feliz, lo único que logras es enfermarte aún más.
-No sé, por momentos sí. Me hace sentir infinita, como si él fuese la respuesta que tanto tiempo busqué y eso se convierte en un martirio.
-¿Y eso no es lo que te gusta a vos? Sufrir sin razón aparente, o por motivos insignificantes...
-¿Eso te parece insignificante?
-A mí sí, pero es notorio que a vos no. Lo que no entendés es que él es sólo una persona, como vos y yo. No es más que nosotras.
-Pero es como yo y eso, ¿no te parece suficiente?
-Yo soy como vos y no te basta con eso. ¿La respuesta a qué decís que es él?
-La respuesta a la pregunta que se hacen todos, qué es el amor.
-¿Y qué es el amor?
-Él. Sus ganas de vivir, su manera de hacerme sentir infinita siempre, su compañía, su barrio, su casa, sus ojos, su música, su cuerpo, su mentira y su realidad. Todo en él es amor, como nunca antes vi. Y es tan sano que no puedo evitar las ganas de querer contagiarlo, a pesar de saber que si lo contagio lo mato.
-Estás como entre la espada y la pared. Entre vos misma y el amor. ¿Qué vas a hacer?
-Me voy a sacrificar, quizás su amor pueda curarme.
-¿Y si no te cura?
-No es el amor para mí.
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