A veces puede ser tarde para amar.
A veces el amor puede ser hermoso pero nada más. A veces el amor solo es un testigo, un testigo de las dagas entrando, un espectador fiel en ese maravilloso momento en el que las heridas ganan mayor profundidad.
A veces las personas que caminamos con el amor estropeado lo dejamos salir y ese dolor es nuestra mejor -mayor- manera de amar.
A veces confundir los sueños con recuerdos, y viceversa, solo es una forma de inocencia, una fatal inocencia incontrolable.
Incontrolables las heridas, dominando y arrasando con todo a su paso, llevándose las promesas y los prometidos, tragando eternidades e inmortales, dejando restos de resentidos “para siempres” en algunas pieles y en la amargura del aliento de unos pocos resignados.
A veces el amor puede ser hermoso pero nada más. A veces el amor solo es un testigo, un testigo de las dagas entrando, un espectador fiel en ese maravilloso momento en el que las heridas ganan mayor profundidad.
A veces las personas que caminamos con el amor estropeado lo dejamos salir y ese dolor es nuestra mejor -mayor- manera de amar.
A veces confundir los sueños con recuerdos, y viceversa, solo es una forma de inocencia, una fatal inocencia incontrolable.
Incontrolables las heridas, dominando y arrasando con todo a su paso, llevándose las promesas y los prometidos, tragando eternidades e inmortales, dejando restos de resentidos “para siempres” en algunas pieles y en la amargura del aliento de unos pocos resignados.
A veces, siempre es tarde y la
historia se repite.
“El amor es lo mejor pero no alcanza.”
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