Un día me
encierro en una jaula aislada y llevo un tigre en mi hombro eternamente, por un
momento.
Con mi destello todos me ven, pero yo sigo sin encontrarme aun conociendo la mitad del mundo desde sus pestañas hasta la media azul.
Tomo palabras ajenas como propias con un vago recuerdo incierto de un sermón, un concejo o simplemente otro dolor.
Con mi destello todos me ven, pero yo sigo sin encontrarme aun conociendo la mitad del mundo desde sus pestañas hasta la media azul.
Tomo palabras ajenas como propias con un vago recuerdo incierto de un sermón, un concejo o simplemente otro dolor.
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Pasé de ser la
valiente a ser una criminal, cuando mi crimen fue portar este demonio interno y
permitirme sentir sin puntos ni comas.
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No tengo noción
del tiempo, no recuerdo el surgimiento de estas memorias, no sé en qué momento
nació este sentimiento. Me encuentro perdida entre su mundo y mi infierno, en
una pausa eterna, en un momento que se detuvo justo cuando la daga entró, justo
después de que cayera en mis manos.
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Es tarde incluso
para aprender de mis errores, si pudiera volver el tiempo atrás te entregaría
mi alma y mucho más.
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Tengo un
recuerdo futuro clavado en el pecho, tengo a un amor insoportable atravesándome
la sien.
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Sueños azules:
guardar este abrazo en el bolsillo y subirme al séptimo y último avión.
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Quiero tener un
plan porque es la única forma de no perderte, no quiero dejarte ir. Quiero
vivir mis sueños con vos pero también quiero que seas feliz y elegir puede
llegar a ser mortal.
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El amor puede
ser la casualidad de octubre y el tercer vaso de vodka. Pueden ser los seis
aviones que hicieron falta y el sueño que parecía tan real. Y como un buen amor
es, hasta la pluma más liviana que se desprenda de él puede significar su
final.
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Tu pecho fue mi
hogar.
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